Nos dejó el tren ligero de la 80

Pese a que en mayo el alcade de Medellín Federico Gutiérrez presentó al Gobierno Nacional la solicitud de recursos para el proyecto, invertirá 12 mil millones en una solución “provisional”.

Autores: Diego Zapata y Santiago Ortega.

El futuro del corredor de transporte de la Avenida 80 es cada día más incierto.

A pesar de que en campaña el alcalde de Medellín Federico Gutiérrez presentaba el desarrollo del tranvía como una de sus obsesiones, a menos de tres meses de finalizar su mandato, la materialización de este proyecto de ciudad luce tan lejana como hace cuatro años.

En 2017 el tranvía tenía su propia gerencia, pero nunca pudo gestionar los recursos correspondientes a la Ley de Metros, necesarios para la ejecución de la primera fase del proyecto entre Caribe y Floresta.

Sin posibilidad de apropiar los aportes de la Nación, la gerencia desapareció discretamente, y la Alcaldía dejó de promocionar el proyecto para enfocarse en cosas con mucho menor impacto como 64 buses eléctricos y los dichosos corredores verdes, que no son otra cosa que jardineras bonitas con mucho mercadeo.

Por eso es raro que, a pesar de que en mayo de este año el alcalde Gutiérrez presentó al DNP y al Ministerio de Hacienda la solicitud de recursos para el tren ligero de la 80, desde hace algunas semanas se celebre con bombos y platillos la inversión de cerca de 12 mil millones para la adecuación de 27 paraderos en la Avenida 80 e intercambios viales.

Con esa plata, la saliente administración aspira a que 17 de los 64 buses eléctricos comiencen a operar en este corredor a finales de noviembre.

Es como si la Alcaldía se saboteara a sí misma.

En vez de usar los 600 mil millones de la venta de Isagen para apalancar el tren ligero de la 80, la Alcaldía se los gastó en obras menores a lo largo de la ciudad como intercambios viales y estaciones de Metroplús. Ahora trata de poner una solución que no funciona.

No estamos hablando de carriles exclusivos, y la misma administración ha dicho que no se ha negociado con los otros transportadores para sacar algunas de las rutas de buses de un corredor con velocidades de 12 kilómetros por hora, en horas pico.  Un bus eléctrico metido en un taco no aporta nada.

¿Es entonces una obra para congestionar más? ¿Vamos a usar los buses eléctricos de forma subóptima? ¿Contamos con la infraestructura para recargar y guardar estos vehículos? ¿Esto realmente es un beneficio para la ciudad, o solo una intervención cosmética?

El gran interrogante es cuándo llegarán los recursos de la Ley de Metros. El proyecto se presentó en mayo, pero no tiene cierre financiero y, aunque si hace parte del Plan Nacional de Desarrollo, no está incluido en el presupuesto de la Nación para 2020.

Llama la atención que tampoco ha habido socializaciones públicas y que los planos no están disponibles para el estudio de la ciudadanía

Tampoco es claro cuál sería el futuro de estos paraderos una vez se apropien los recursos solicitados al Gobierno Nacional, ni mucho menos si estarán listos en 50 días. ¿En verdad vale la pena invertir 12 mil millones de pesos en una solución “provisional”?

Esto suena incómodamente similar a la inversión en el corredor verde de la Oriental, que se construyó para destruirse en menos de un año y medio.

A menos, claro está, que nos quieran meter los dedos a la boca. La ejecución de estos paraderos estará a cargo de Metroplús S.A., una empresa creada para construir proyectos de BRT (Bus Rapid Transit).

Adicionalmente, desde agosto de 2016 se hizo oficial el anuncio de proyecto, y desde entonces, no han cesado los intentos por llevar a esta empresa a construir un Metroplús en el corredor de la 80.

No sorprendería que al final, con la excusa de altos costos, los vecinos de este se tengan que conformar con otra línea de Metroplús y no con el esperado tren ligero. Ahí la Alcaldía se ahorra unos millones, pero los vecinos del sector y la ciudad pierden muchísimo más que dinero.

Un corredor de transporte busca crear valor en el territorio, y este valor depende directamente de la idoneidad de la tecnología que se use.

En la 80, los estudios del Metro muestran claramente que la mejor alternativa en inserción urbana, satisfacción de la demanda, huella medioambiental y gestión de las limitantes del corredor es el tranvía o tren ligero. Pero al paso que vamos, parece que nos fueran a defraudar.

Es como si la Alcaldía no quisiera que el Metro, una de las mejores empresas del municipio, hiciera su magia en la 80. ¿Por qué insistir en meter buses sabiendo que eso no funciona? ¿Acaso es porque la Alcaldía no tiene tanto control sobre Metro como el que tiene sobre Metroplús?

Para quienes hemos visto la transformación de Medellín, este caso es una decepción y no le hace justicia a los que hemos logrado como sociedad.

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